La puerta se astilló bajo el peso de la autoridad. Adentro, rodeado por su familia, un joven de 21 años sostenía en sus manos un imperio construido sobre el miedo, Carl Ga alias el Gánsito, había crecido en las sombras de la Unión ese nombre que hace temblar a los comerciantes del centro de la Ciudad de México, pero esta vez las sombras no lo protegerían.

El 11 de febrero de 2026, la policía capitalina ejecutó un cateo en la colonia Paulino Navarro que revelaría algo más perturbador que las 450 dosis de droga encontradas. La Unión Tepito no era solo un negocio criminal, era un negocio familiar. Carlo Gael Segura Palacios tenía apenas 21 años cuando fue detenido en febrero de 2026. Para muchos jóvenes de su edad, la vida es universidad, primer trabajo, planes a futuro.
Para él era otra cosa era ser el Gánsito, un operador más de la Unión Tepito, esa organización criminal que ha convertido el Cora Ciudad de México en territorio de extorsión y violencia. El apodo Gánsito parece inocente, casi infantil, pero detrás de ese diminutivo había un joven que trabajaba para dos figuras temidas en el bajoundo capitalino, Jonathan Irvin Guerrera Sánchez, en conocido como El Irvin, y otro criminal identificado como el Maiver.

Ambos nombres aparecen constantemente los reportes policiales como operadores de alto nivel tr de la Unión Tepito. La historia de Carlo Gael no comenzó el día de su detención. En 2024 ya había pisado el sistema penitenciario de la Ciudad de México por encubrimiento, por receptación, es decir, por traficar con objetos robados. salió, regresó a las calles y volvió a lo mismo.
Lo que hace diferente esta historia no es solo Carlo Gall, es que no estaba solo. A su lado, dentro del mismo inmueble, dentro de la misma actividad delictiva, estaban tres mujeres que lo conocían desde que era niño, Celem Daniela García Muñoz de su novia, apodada Cel, Carla Verónica Segura Palacios, de 29 años su hermana, y Amparo Verónica Palacios González de 52 años su madre.
Celem Daniela, la novia del Gánsito, tiene su propia historia oscura. Había sido pareja de Josua Mejía Castro, alias el Tochi, un líder criminal de la Unión Tepito, que fue ejecutado a balazos el 5 de marzo 2025, mientras circulaba por calzada la viga. Dos sicarios en motocicleta lo interceptaron, le gritaron que soltara la camioneta y le vaciaron un cargador completo. El tochi murió en la calle.
Selem sobrevivió y meses después ya estaba con otro miembro de la misma organización criminal. El periodista Carlos Jiménez del programa Ecuat en alerta lo resumió así: “Le gustan chacas y mañosos”. La frase puede sonar ligera, pero refleja un patrón preocupante. Mujeres que orbitan alrededor de la violencia, que pasan de un criminal a otro, que quedan atrapadas en ciclos que parecen no tener salida.
La familia Segura Palacios vivía en un domicilio de la calle Francisco Javier Clavijero en la colonia Paulino Navarro. Alcaldía Cuautemoc. Un lugar que a simple vista podría ser cualquier casa, pero que según las investigaciones de la Secretaría de Seguridad Ciudadana funcionaba como centro de operaciones para el narcomenudeo.
La Unión Tepito no es un cartel cualquiera, es una organización que nació en las calles de Tepito, la colonia más emblemática del comercio informal en México y que ha convertido la extorsión en su principal fuente de ingresos. Comerciantes locatarios, pequeños empresarios, todos reciben la misma amenaza, paga o sufre las consecuencias.
El cobro de piso, como se le conoce, es un impuesto del miedo. Es el precio por trabajar en tu propio negocio, en tu propia tierra. Pero la Unión Tepito no solo extorsiona, también despoja inmuebles, trafica armas, ejecuta homicidios y controla el narcomenudeo en puntos estratégicos del centro de la capital. Es una organización que se ha ramificado, que tiene células operativas en distintas colonias, que recluta jóvenes como Carlo Gael y los convierte en piezas de una maquinaria criminal que parece no detenerse. Carlo trabajaba para Ilirvin,
un hombre que tiene un historial criminal que hiela la sangre. Gonatin Herrera Sánchez fue detenido en septiembre de 2025 durante los festejos de independencia de México. Al momento de su arresto le aseguraron un arma de fuego, cartuchos, un vehículo de lujo y dosis de cocaína, marihuana y cristal. Pero lo más grave es su pasado está vinculado a la masacre de Plaza Garibaldi de septiembre de septiembre de 2018, cuando un comando disfrazado de mariachis abrió fuego dentro de un bar dejando seis muertos y nueve heridos.
Este era el jefe del Gánsito, un hombre que proyectaba en redes sociales una vida de lujo, autos de alta gama, yoyas, armas largas, botellas de Champagne, un hombre que buscaba legitimidad a través de la ostentación y la intimidación y bajo sus órdenes operaba un joven de 21 años junto con su madre, su hermana y su novia.
Los trabajos de investigación comenzaban antes del cateo. Policías de la Secretaría de Seguridad Ana realizaron labores de gabinete y campo, vigilancias fijas y móviles, cruce de información. Todo apuntaba al mismo lugar la calle Francisco Javier Clavijero, colonia Paulino Navarro. El inmueble había sido identificado como un punto de narcomenudeo.
Desde ahí se distribuían drogas sintéticas y naturales hacia las calles del centro de la Ciudad de México. No era solo venta al menudeo, era parte de una operación más grande controlada por el Irving y el Mahibe, que tenían bajo sumando a células como la del Gánsito. Los delitos atribuidos a este grupo son variados, pero igualmente graves.
Extorsión en su modalidad de cobro de piso a comerciantes y locatarios que trabajan en la zona centro. Venta de mercancía robada. Esos productos que inundan el mercado informal y que tienen origen en asaltos, robos a negocios y hurtos, despojo de inmuebles, cuando amenazan a familias para quedarse con sus casas y locales comerciales.
Tráfico de armas de fuego que luego se usan en ejecuciones y enfrentamientos. Homicidio, esa palabra que resume vidas arrebatadas por disputas territoriales o cobranzas. Y por supuesto, la compra, venta y distribución de narcóticos. La colonia Paulino Navarro ubicada en la Alcaldía Cuautemo, se había convertido en uno más de los puntos estratégicos para la Unión Tepito.
No es Tepito en sí misma, pero está cerca del centro histórico, cerca de las zonas comerciales, cerca de los lugares donde el negocio del miedo resulta más rentable. Carlo Gael, su hermana Carla Verónica, su madre Amparo Verónica y su novia Celén Daniela operaban desde ese domicilio. No está claro si las mujeres participaban directamente en las operaciones de venta o si su rol era de logística, cuidado del inmueble o encubrimiento.
Lo que sí es claro es que todas estaban presentes, todas fueron detenidas, todas enfrentarían ahora el peso de la ley. Día del cateo, el 11 de febrero de 2026. Los agentes presentaron ante un juez de control los datos de prueba obtenidos durante las investigaciones. El juez liberó la orden de cateo. La intervención sería coordinada.
Participarían policías de las agentes de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, elementos de la Secretaría de Marina y miembros de la Guardia Nacional. Era una operación de alto impacto. Cuando las autoridades ingresaron al domicilio, encontraron a los cuatro presuntos integrantes de la Unión, Tepito, Carlo Gael Segura Palacios, alias El Gánsito, Celem Daniela García Muñoz, alias Cel, Carla Verónica Segura Palacios, Amparo Verónica Palacios González.
Todos fueron detenidos en el mismo lugar en el mismo momento. El aseguramiento fue contundente. Los números hablan por sí mismos. Dentro del inmueble, las autoridades encontraron 52 dosis de posible metanfetamina. esa droga sintética que destroza vidas y familias. 258 dosis de una sustancia de color blanco similar a la cocaína.
105 bolsitas de una hierba verde seca con las características de la marihuana. En total más de 450 dosis de droga que estaban listas para distribuirse en las calles. Pero no solo drogas, también aseguraron un arma de fuego, un cargador y dos cartuchos útiles. El armamento es parte esencial del negocio criminal.
sirve para intimidar, para cobrar, para defenderse de grupos rivales, para ejecutar órdenes. El inmueble fue sellado y quedó bajo resguardo policial. Todo lo asegurado, desde las dosis de droga hasta el arma de fuego, fue puesto a disposición del agente del Ministerio Público Correspondiente, quien continuaría con las investigaciones y definiría la situación jurídica de los detenidos.
Las fotografías del operativo circularon en medios y redes sociales. Se veían las bolsitas con droga, perfectamente empaquetadas, listas para ser vendidas. Se veía el arma un recordatorio de que el narcomenudeo nunca es un delito sin violencia. Se veían los rostros de los detenidos, jóvenes la mayoría, atrapados en una vida que parecía no tener retorno.
Pablo Vázquez Camacho, secretario de seguridad de la Ciudad de México, encabezó el anuncio de la detención. En sus declaraciones agradeció a las instancias del Gabinete de Seguridad Federal y a los agentes de la Fiscalía por su trabajo coordinado para llevar a buen término este tipo de acciones que nos permiten detener a los generadores de violencia, reducir los delitos de alto impacto y seguir construyendo una ciudad más segura, justa y en paz, dijo.
La evidencia era clara. Las dosis de droga, alarmamento, la presencia de los cuatro detenidos en un inmueble dedicado a actividades ilícitas. Todo apuntaba que esta célula criminal operaba bajo la estructura de la Unión Tepito, bajo las órdenes del Irving y el Maiber y que su función era abastecer drogas a las calles del centro de la capital.
Celem Daniela, la novia del Gánsito, llevaba consigo una historia que agregaba una capa más de tragedia a este caso. Había sido pareja del Tochi, un criminal ejecutado casi un año antes. Después de su muerte, su familia intentó continuar con el negocio. El 16 de enero de 2026, apenas un mes antes de la detención de Selem, las autoridades habían cateado dos inmuebles vinculados a la familia del Tochi.
Detuvieron a su hermana Manuela Eunice, alias Lane, a su exnovio, Andrés Felipe, alias Colocho, y a sus padres María Marisoli. Y en uno de los inmuebles encontraron un altar en honor al Tochi, junto con figuras de santería veladoras, 800 dosis de cocaína, 128 dosis de marihuana, 2 kg de hierba granel, armas de fuego y un mono araña en cautiverio.

Era un patrón que se repetía. Familias completas dedicadas al crimen organizado, inmuebles convertidos en centros de operaciones, drogas y armas mezcladas con devoción religiosa y superstición. Y ahora Selem Daniel había pasado a estar en el círculo de El Tochi, al círculo del Gánsito. Dos criminales, la misma organización, el mismo final.
La Secretaría de Seguridad Ciudad Ciudadana de la Ciudad de México presentó el caso como un go importante a la Unión Tepito. El secretario Pablo Vázquez Camacho destacó que la detención del Gánsito y su célula familiar era resultado de meses de investigación, vigilancia y trabajo coordinado entre autoridades locales y federales.
El operativo del 11 de febrero de 2026 y no fue una acción aislada. forma parte de una estrategia más amplia para desarticular las cooperativas de la Unión Tepito en el centro de la capital. En los meses anteriores, las autoridades habían logrado detener a otros miembros relevantes de la organización. En septiembre de 2025 cayó Jonathan Ivin Herrera Sánchez, el Irvin, el jefe directo del Gánsito.
Su detención ocurrió el 15 de septiembre en plenas fiestas de independencia y fue presentada como un golpe mayor a la estructura de mando de la Unión Tepito. En enero de 2025 habían detenido a Hugo Alexis Herrera Martínez, conocido como El Moño, primo del Irvin y operador del tráfico de drogas en la organización. En enero de 2026 detuvieron a la familia completa del Tochi, incluyendo a su hermana la Mané y a sus padres, todos acusados de continuar con el negocio criminal después de su muerte.
Y ahora, en febrero de 2026, cae al Gánsito junto con su familia. Los cuatro detenidos fueron presentados ante el agente del Ministerio Público correspondiente. El agente tendría que determinar su situación jurídica, si hay elementos suficientes para vincularlos a proceso, si enfrentarán prisión preventiva, si podrán ser liberados bajo medidas cautelares.
El inmueble de la calle Francisco Javier Clavijero quedó sellado y bajo resguardo policial. Las autoridades continuarían con las investigaciones para identificar a más personas involucradas en esta célula criminal y para seguir desmontando la estructura de la Unión Tepito. Pablo Vázquez fue claro en sus declaraciones. Seguiremos trabajando para detener a los generadores de violencia y construir una ciudad más segura.
Son palabras que se han escuchado muchas veces, detenciones que se celebran como victorias. Pero la pregunta sigue ahí. ¿Por qué siguen surgiendo nuevas células? ¿Y por qué jóvenes como Carl Gael de apenas 21 años eligen este camino? Lo que las autoridades no mencionan tanto es el contexto, la pobreza en colonias como Tepito y zonas aledañas, la falta de oportunidades para jóvenes que crecen viendo como el crimen organizado controla las calles, la normalización de la violencia, el hecho de que organizaciones como la Unión Teto