El Atlético de Madrid vivió una noche de emociones encontradas en el Jan Breydel Stadium de Brujas, donde el empate 3-3 contra el Club Brugge en la ida de los playoffs de la UEFA Champions League dejó un sabor agridulce en el seno del equipo colchonero. El partido, disputado el 18 de febrero de 2026, fue un verdadero espectáculo de goles, remontadas y errores defensivos que mantuvieron la eliminatoria completamente abierta para la vuelta en el Metropolitano.

El encuentro comenzó de la mejor manera posible para los rojiblancos. Apenas en el minuto 8, tras una revisión del VAR por una mano clara dentro del área, Julián Álvarez asumió la responsabilidad desde el punto de penalti y convirtió con frialdad, engañando al portero Simon Mignolet y poniendo el 0-1 en el marcador. El argentino, fichaje estelar del verano anterior procedente del Manchester City, demostraba una vez más por qué Diego Simeone confía tanto en él: su quinto gol en ocho partidos de Champions esta temporada. El Atlético dominaba con autoridad, controlando el balón y generando peligro constante.
Antes del descanso, Ademola Lookman, el nuevo refuerzo invernal que ya empezaba a justificar su llegada, ampliaba la ventaja al rematar de cabeza un córner perfectamente ejecutado, dejando el 0-2 al término de la primera mitad.

Sin embargo, lo que parecía un trámite cómodo se convirtió en una pesadilla en la segunda parte. El Club Brugge, respaldado por su afición en un estadio caldeado, reaccionó con garra belga. Raphael Onyedika acortó distancias en el 51′ con un remate potente desde fuera del área, y apenas nueve minutos después, Nicolò Tresoldi igualaba el partido con un golazo que silenció momentáneamente a los seguidores colchoneros presentes. El Atlético, que había mostrado solidez en la primera mitad, comenzó a sufrir en defensa: errores de concentración, pérdidas en salida y falta de intensidad permitieron al Brugge crecer en confianza.

A pesar de los cambios introducidos por Simeone —incluyendo la entrada de Alexander Sorloth y Alejandro Baena para refrescar el ataque—, el equipo no logró cerrar el partido. Julián Álvarez, que había sido clave en la ventaja inicial, siguió luchando hasta el final, pero el conjunto rojiblanco no pudo contener la presión local. En el minuto 89, Christos Tzolis selló el empate definitivo con un disparo cruzado desde un ángulo complicado, desatando la euforia en las gradas y dejando la eliminatoria en un equilibrio perfecto de cara al partido de vuelta.
Inmediatamente después del pitido final, Julián Álvarez fue uno de los primeros en hablar. El delantero argentino asumió toda la responsabilidad por el resultado, reconociendo que el equipo había desperdiciado una ventaja importante. En declaraciones a los medios, expresó una disculpa sincera y sentida hacia la afición del Atlético de Madrid: “Sé que los hinchas merecían algo más hoy. Perdimos dos veces la ventaja y eso duele mucho. Me toca a mí y a todos asumir lo que pasó. Pido perdón por no haber podido cerrar el partido como merecíamos.
Vamos a trabajar el doble para la vuelta en casa y darles la clasificación que se merecen”. Sus palabras, cargadas de humildad y compromiso, resonaron entre los seguidores, que valoraron su honestidad en un momento de frustración colectiva.
Pero el verdadero giro emocional llegó minutos después, cuando Diego Simeone compareció en rueda de prensa. El Cholo, conocido por su franqueza y por no esconder las verdades incómodas, reveló detalles que dejaron a todos sin palabras y generaron una ola de empatía hacia sus jugadores, especialmente hacia Julián Álvarez. Según explicó el entrenador argentino, varios futbolistas —incluido el ‘Araña’— no habían podido rendir al 100% debido a problemas físicos y de salud que arrastraban desde días previos al partido.
“Julián y otros chicos venían de una semana muy complicada. No fue solo cansancio por el calendario; hubo una descompostura estomacal generalizada en el grupo, con fiebre y malestar que afectó el entrenamiento y la recuperación. Julián quiso jugar de todos modos, se puso al frente del penal y dio todo lo que tenía, pero no estaba en condiciones óptimas. Nadie lo vio porque él no lo dice, pero lo vi en su cara y en cómo se movía. No es excusa, es la realidad.
Ellos dieron la cara, pero el cuerpo a veces no responde como uno quiere”, confesó Simeone con tono serio pero protector.
El entrenador elogió la actitud de Álvarez: “Es uno de los mejores delanteros del mundo, no tengo dudas. Hoy metió un gol clave y luchó hasta el final, pero no pudo estar al máximo por esa razón. Me duele más a mí que a nadie verlos así, porque sé lo que dan siempre”. Estas declaraciones transformaron la percepción inicial del partido: lo que parecía una falta de concentración o errores evitables se convirtió en una historia de superación y sacrificio.
Los aficionados, que minutos antes expresaban frustración en redes sociales, comenzaron a mostrar apoyo masivo al plantel, destacando el esfuerzo en circunstancias adversas.
El empate 3-3 deja todo por decidir en el Civitas Metropolitano. El Atlético deberá ganar o al menos empatar sin goles para avanzar directamente, o superar el 3-3 en caso de prórroga o penales. Simeone ya anticipó que la clave estará en la intensidad defensiva y en recuperar la solidez que mostró en la primera mitad del partido en Brujas. “La eliminatoria está abierta, pero en casa somos fuertes. Vamos a preparar el partido como una final. Los jugadores merecen el apoyo de la afición porque dieron todo lo que pudieron en un día muy difícil”, concluyó el Cholo.
Mientras tanto, Julián Álvarez se convierte en símbolo de resiliencia. Su gol de penal, su disculpa pública y la revelación de Simeone han unido aún más a la afición rojiblanca alrededor de él. El argentino, que llegó al Atlético con la etiqueta de estrella mundial, demuestra partido a partido que también tiene el carácter para liderar en los momentos duros. La vuelta promete ser épica, y con el Metropolitano a pleno, el equipo buscará redimirse y avanzar en la Champions League.
Este empate no es una derrota, sino un capítulo más en la historia de un Atlético que nunca se rinde. Con Simeone al mando y jugadores como Álvarez dispuestos a todo, la esperanza sigue intacta. La afición ya calienta motores para recibir a sus héroes y empujarlos hacia la clasificación. El fútbol, al final, se define en detalles, en sacrificios y en la capacidad de levantarse. Y en eso, el Atlético de Madrid siempre ha sido experto.