Nuevos avances en la investigación de Madeleine McCann mientras la policía británica se prepara para allanar Alemania tras la liberación del principal sospechoso, Christian Brueckner.

La desaparición de Madeleine McCann, la niña británica de tres años que se esfumó de un apartamento turístico en Praia da Luz, Portugal, el 3 de mayo de 2007, sigue siendo uno de los enigmas más dolorosos y mediáticos de la historia reciente. Han transcurrido casi dos décadas desde aquella noche fatídica, cuando Kate y Gerry McCann, médicos de profesión, cenaban a pocos metros de su hija, creyendo que estaba segura en su habitación. La niña, con sus ojos expresivos y su sonrisa radiante, se convirtió en un símbolo global de la vulnerabilidad infantil y de la tenaz búsqueda de justicia. Hoy, con Madeleine que habría cumplido 22 años, la investigación ha cobrado un nuevo impulso: la policía británica, a través de la Operación Grange, se prepara para allanamientos en Alemania, apenas días después de la liberación de Christian Brueckner, el principal sospechoso, quien salió en libertad el 17 de septiembre de 2025 tras cumplir una condena por violación no relacionada.

Brueckner, un alemán de 49 años conocido también como Christian B., fue liberado de la prisión de Sehnde, cerca de Hannover, después de siete años tras las rejas por la violación de una turista estadounidense de 72 años en Praia da Luz en 2005, apenas 18 meses antes de la desaparición de Madeleine. Su salida no fue discreta: periodistas se agolparon a las puertas de la cárcel, donde el hombre, de complexión delgada y mirada esquiva, fue escoltado por su abogado, Friedrich Fülscher, en un Audi negro. Bajo estrictas condiciones de libertad condicional —incluyendo un brazalete electrónico, la entrega de su pasaporte y prohibición de abandonar Alemania sin permiso—, Brueckner niega rotundamente cualquier implicación en el caso McCann. Sin embargo, las autoridades alemanas, lideradas por el fiscal Hans Christian Wolters, insisten en que hay “pruebas concretas” de su responsabilidad en el secuestro y asesinato de la niña, aunque aún no se han presentado cargos formales.

La liberación de Brueckner ha encendido las alarmas en el equipo investigador. Fuentes cercanas a la fiscalía alemana revelan que, ante el riesgo de que el sospechoso desaparezca o destruya evidencias, han intensificado la colaboración con la Policía Metropolitana de Londres. Según informes recientes, la policía británica ha solicitado autorizaciones para allanar propiedades y vehículos vinculados a Brueckner en el norte de Alemania, incluyendo un almacén abandonado en Neuwegersleben y una casa en Schwerin donde residió en los años previos a su encarcelamiento. Estos allanamientos, programados para la próxima semana, buscan restos biológicos, dispositivos electrónicos y documentos que podrían corroborar las sospechas. “No podemos permitir que el tiempo juegue en nuestra contra”, declaró un portavoz de la Operación Grange, que ha recibido un nuevo financiamiento de 108.000 libras esterlinas para el año fiscal 2025-2026. La iniciativa británica marca un giro significativo, ya que, a diferencia de los alemanes —quienes tratan el caso como un homicidio—, los investigadores del Reino Unido lo mantienen como una desaparición, lo que permite mayor flexibilidad en las pesquisas transfronterizas.
Los avances no son casuales. En junio de 2025, fuerzas policiales portuguesas y alemanas ya habían realizado búsquedas exhaustivas en la región del Algarve, entre el resort Ocean Club y una cabaña que Brueckner frecuentaba. Aunque no se encontraron restos humanos, los excavadores desenterraron objetos personales del sospechoso, como herramientas de robo y ropa, que ahora se analizan en laboratorios forenses. Un documental de Channel 4 emitido en mayo reveló detalles escalofriantes: durante un registro en una fábrica de cajas abandonada en Alemania, vinculada a Brueckner, se hallaron cintas de video con contenido perturbador, aunque no directamente relacionado con Madeleine. Además, testigos clave han emergido. Helge Busching, un excompinche de Brueckner en Portugal, declaró recientemente a ITV News que está “100% seguro” de que su antiguo socio “se llevó a Madeleine”. Busching, quien cooperó con las autoridades desde 2017, describió a Brueckner como un “hombre realmente peligroso”, un ladrón de apartamentos y traficante de drogas que vivía a solo un kilómetro del lugar del crimen. “Era un criminal empedernido. Dejarlo libre es un error”, afirmó, expresando su frustración por la lentitud de los fiscales alemanes.
Brueckner, un nómada con un historial de abusos sexuales —incluyendo condenas por agresión a menores en 1994 y 2016—, encaja en el perfil del intruso que irrumpió en el apartamento de los McCann. Registros telefónicos colocan su móvil en Praia da Luz una hora antes de la desaparición, recibiendo una llamada de 30 minutos. Vivía en la zona entre 1995 y 2007, cometiendo robos en hoteles y villas, y las autoridades creen que Madeleine pudo interrumpir un allanamiento. En 2020, Wolters anunció públicamente que Brueckner era el culpable, basándose en evidencias circunstanciales como correos electrónicos y confesiones parciales de asociados. Sin embargo, el sospechoso rechazó recientemente una entrevista con la Policía Metropolitana, citando diferencias en los sistemas legales. Su abogado argumenta que las acusaciones son “infundadas” y motivadas por la presión mediática, recordando que en octubre de 2024 fue absuelto de dos cargos de violación y abuso sexual en Portugal por falta de pruebas.
Mientras tanto, Kate y Gerry McCann, inquebrantables en su campaña a través de la Fundación Madeleine, emitieron un comunicado el aniversario de la desaparición: “Dieciocho años después, nuestra determinación no ha menguado. Confiamos en que la verdad saldrá a la luz”. La familia, que enfrentó sospechas iniciales en 2007 —incluso siendo declarados “arguidos” por la policía portuguesa—, fue exonerada en 2008 tras pruebas de ADN que descartaron su implicación. Hoy, con su hija hipotéticamente adulta, los McCann abogan por reformas en la protección infantil y financiamiento sostenido para casos fríos.
Estos nuevos allanamientos representan una esperanza renovada, pero también un recordatorio de las complejidades internacionales. Portugal, donde el caso se originó, mantiene un archivo “cerrado” pero colabora puntualmente. La Unión Europea, a través de Europol, facilita el intercambio de datos, pero barreras lingüísticas y jurisdiccionales persisten. Expertos como el criminólogo Mark Williams-Thomas, quien ha seguido el caso, advierten: “La liberación de Brueckner acelera el reloj. Si no actúan rápido, podría evaporarse como lo hizo tras 2007”. En un mundo donde la tecnología ha avanzado —con IA analizando miles de imágenes de vigilancia de la época—, la clave podría estar en un detalle olvidado: un e-fit de un hombre carrying a child hacia la playa, liberado por la Met en 2013, que algunos vinculan a Brueckner.
La historia de Madeleine trasciende lo criminal; es un testimonio de resiliencia humana. Mientras la policía británica irrumpe en Alemania, el mundo contiene la respiración, aguardando si estos avances romperán el silencio de 18 años. La niña que desapareció una noche de primavera podría, por fin, encontrar justicia en el otoño de 2025.