Karoline Leavitt causó polémica cuando llamó “tramposos” a la atleta paralímpica transgénero Valentina Petrillo y al atleta argelino Khelif y defendió el deporte femenino.

Washington, 27 de septiembre de 2025 – La secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, desató una tormenta de controversia esta semana al referirse en duros términos a dos figuras destacadas en el mundo del deporte inclusivo. Durante una rueda de prensa en la que defendía la reciente orden ejecutiva del presidente Donald Trump que prohíbe la participación de atletas transgénero en competiciones femeninas, Leavitt calificó de “tramposos” a la velocista paralímpica italiana Valentina Petrillo y al boxeador argelino Imane Khelif, argumentando que su presencia en categorías femeninas socava la equidad y la integridad del deporte de las mujeres.

El comentario de Leavitt, pronunciado el martes pasado en el podio de la Sala de Prensa James S. Brady, ha generado un aluvión de reacciones divididas. “Estos tramposos, como Petrillo y Khelif, no solo roban medallas a las verdaderas atletas femeninas, sino que destruyen el espíritu del fair play que hemos luchado por preservar durante décadas”, declaró Leavitt, visiblemente enfática, mientras respondía a una pregunta sobre la aplicación de la orden ejecutiva firmada por Trump en febrero de este año. La medida, que ya ha sido impugnada en varios tribunales federales, busca codificar en ley federal la exclusión de personas nacidas biológicamente hombres de las competiciones deportivas femeninas a nivel escolar, universitario y profesional.
Valentina Petrillo, de 51 años, se convirtió en un símbolo de la inclusión transgénero en el deporte paralímpico al competir en los Juegos de París 2024, donde ganó dos medallas de plata en las pruebas de 400 y 200 metros en la categoría T12 para atletas con discapacidad visual. Nacida como Fabrizio Petrillo, la velocista italiana transitó en 2019 y ha defendido públicamente su derecho a competir en la categoría femenina, argumentando que las regulaciones del Comité Paralímpico Internacional (IPC) respetan su identidad de género y sus niveles hormonales. “No soy una tramposa; soy una mujer que ha luchado por ser aceptada en un mundo que me rechazó durante años”, respondió Petrillo en un comunicado difundido por su equipo esta semana, desde Roma. La atleta, que acumula once títulos nacionales como hombre antes de su transición, ha recibido el apoyo de organizaciones como Human Rights Watch, que la describen como una “pionera en la lucha por la igualdad”.
Por su parte, Imane Khelif, la boxeadora argelina de 27 años que conquistó el oro en los 66 kilogramos en los Juegos Olímpicos de París el año pasado, ha sido el epicentro de un debate global sobre el género en el deporte. Khelif, quien padece diferencias en el desarrollo sexual (DSD), fue descalificada en el Campeonato Mundial de Boxeo de 2023 por la Asociación Internacional de Boxeo (IBA) por no cumplir con criterios de elegibilidad de género, pero el Comité Olímpico Internacional (COI) la autorizó para competir en París. Su victoria, que incluyó un contundente nocaut sobre la italiana Angela Carini en solo 46 segundos, desató acusaciones de ventaja injusta. “Khelif no es una mujer en el sentido biológico, y permitirle boxear contra niñas es un escándalo que pone en riesgo la seguridad de todas”, insistió Leavitt, alineándose con voces conservadoras que ven en estos casos una amenaza a las conquistas feministas en el deporte.

La declaración de Leavitt no es aislada; forma parte de una estrategia más amplia de la administración Trump para revertir políticas de inclusión impulsadas durante la era Biden. En marzo de 2025, Leavitt ya había prometido en una entrevista con Fox News que el gobierno “mantendría a los hombres fuera de los vestuarios de las niñas”, refiriéndose a un caso en Illinois donde una escuela permitió el acceso de un estudiante transgénero a instalaciones femeninas. La orden ejecutiva de febrero, que Trump firmó en una ceremonia con presencia de atletas como Riley Gaines –defensora acérrima de la segregación por sexo–, ha llevado a demandas en al menos ocho estados, con grupos como la ACLU argumentando que viola la Decimocuarta Enmienda al discriminar por identidad de género.
Las reacciones no se hicieron esperar. En el lado progresista, la senadora demócrata Elizabeth Warren tuiteó: “Llamar ‘tramposos’ a atletas como Petrillo y Khelif no defiende a las mujeres; solo perpetúa el odio y la exclusión. El deporte debe unirnos, no dividirnos”. Organizaciones LGBTQ+ como GLAAD han calificado los comentarios de Leavitt como “transfóbicos y peligrosos”, advirtiendo que podrían incitar a la violencia contra personas trans. En Europa, donde Petrillo compite, la Unión Europea ha instado a un diálogo más inclusivo, recordando que el Tribunal de Justicia de la UE falló en julio de 2025 a favor de la no discriminación en el deporte basado en género.
Sin embargo, Leavitt cuenta con respaldo en círculos conservadores. La autora J.K. Rowling, quien en septiembre de 2024 ya había llamado “tramposa orgullosa” a Petrillo en un tuit viral, retuiteó el clip de la rueda de prensa con el comentario: “Por fin alguien lo dice claro. Proteger el deporte femenino no es odio; es justicia”. Atletas como Martina Navratilova y Caitlyn Jenner, esta última una mujer trans conservadora, han aplaudido la postura, argumentando que la biología no se negocia en la competición. Un sondeo de Gallup realizado esta semana muestra que el 62% de los estadounidenses apoya restricciones a la participación trans en deportes femeninos, un aumento del 5% desde 2024, reflejando el pulso de un debate polarizado.
El impacto de las palabras de Leavitt se extiende más allá de las fronteras estadounidenses. En Argelia, donde Khelif es un ícono nacional, el Ministerio de Deportes emitió un comunicado condenando las “insinuaciones infundadas” y reafirmando su apoyo a la atleta, quien ha evitado responder directamente para enfocarse en su preparación para el Mundial de Boxeo de 2026. Petrillo, meanwhile, planea apelar cualquier restricción europea inspirada en la política estadounidense, declarando en una entrevista con La Gazzetta dello Sport: “Correré no por medallas, sino por dignidad”.
A medida que se acerca el aniversario de los Paralímpicos de París, el eco de esta polémica resuena en los pasillos del COI y el IPC, que en su última asamblea en agosto de 2025 reiteraron su compromiso con protocolos hormonales estrictos pero inclusivos. Para Leavitt, sin embargo, la línea es clara: “El deporte femenino es para mujeres biológicas. Punto final”. Si bien sus palabras han galvanizado a sus partidarios, también han profundizado una grieta en la sociedad que el deporte, en su esencia, debería sanar. La pregunta persiste: ¿es la equidad un lujo o un derecho? En un mundo donde las medallas pesan más que las palabras, solo el tiempo dirá si esta controversia cataliza reformas o simplemente aviva las llamas de la división.