El mundo de la Fórmula 1 está convulsionado tras el inesperado anuncio del director ejecutivo de la FIA sobre la formación de su propio equipo, introduciendo una serie de nuevas regulaciones aerodinámicas que, según se dice, otorgan al equipo recién formado una clara ventaja. La medida ha enfurecido a grandes equipos, como Red Bull, Mercedes y Ferrari, mientras que Max Verstappen ha sido duramente crítico: “Esto es una manipulación flagrante para obtener poder personal, ya no es deporte”.

El incidente comenzó cuando la FIA anunció el reglamento técnico de 2026, que se centra en “aumentar la competitividad” y “reducir la dependencia de la aerodinámica del suelo”. Sin embargo, los ingenieros de la industria se dieron cuenta de inmediato de que el nuevo reglamento, involuntariamente o intencionalmente, favorece la estructura de diseño del equipo que el propio director ejecutivo de la FIA patrocina. “Si estas regulaciones estuvieran vigentes, al menos los tres mejores equipos perderían más del 20% de su eficiencia aerodinámica”, reveló un experto técnico anónimo.

La reacción de los equipos punteros fue inmediata. Toto Wolff, de Mercedes, lo calificó como “un abuso de poder sin precedentes en la historia de la FIA”. Christian Horner, de Red Bull, por su parte, afirmó que “quien dirige el campeonato no puede establecer las reglas y competir al mismo tiempo”. Ferrari exigió una investigación independiente, subrayando que “cualquier forma de favoritismo destruye los cimientos mismos de la equidad en el deporte”.
El tricampeón del mundo, Max Verstappen, se mostró especialmente indignado. El holandés advirtió que si la FIA no retiraba las “absurdas” condiciones, muchos equipos podrían suspender su participación en protesta. “Competimos por el espíritu del deporte”, declaró con contundencia. “Competimos por el espíritu del deporte, no para ser utilizados como herramientas en una lucha de poder”.
Ante la oleada de críticas, la FIA se vio obligada a celebrar una rueda de prensa de emergencia. El director ejecutivo acusado mantuvo su postura, afirmando que “todos los cambios buscan el progreso y el equilibrio para el futuro de la F1”. Sin embargo, los observadores afirman que esta es una de las mayores crisis políticas de la FIA en la última década, que podría socavar la confianza entre los organizadores y los equipos de carreras.
Si la situación no se resuelve pronto, la F1 corre el riesgo de caer en la crisis de confianza más grave desde el escándalo “Crashgate” de 2008. Una medida llamada reforma, pero considerada una farsa del poder, amenaza con destruir la imparcialidad y la deportividad que la F1 ha trabajado arduamente por construir durante más de 70 años.