“OFICIAL” Karoline Leavitt responde a la prohibición de los concursos de belleza LGBT europeos que han dejado a los jóvenes obsesionados con sus exhibiciones “RUDAS”, lo que ha provocado controversia en todo Estados Unidos y pide que la despidan por su escandalosa respuesta.
Washington, 15 de octubre de 2025 – En un giro que ha encendido las redes sociales y los titulares de los medios conservadores, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, ha salido al frente de una polémica internacional que involucra a concursos de belleza LGBT en Europa. A sus 28 años, la joven portavoz del presidente Donald Trump, conocida por su estilo directo y sin filtros, respondió ayer a la reciente prohibición de estos eventos en varios países europeos, argumentando que han “envenenado” la mente de los jóvenes estadounidenses con exhibiciones “rudas” y provocativas. Sus palabras, pronunciadas durante una rueda de prensa en la Casa Blanca, han desatado una tormenta de críticas y llamadas a su dimisión, dividendo aún más a una nación ya polarizada por temas de identidad y moralidad.

Todo comenzó la semana pasada, cuando el Parlamento Europeo aprobó una directiva que restringe los concursos de belleza inclusivos para la comunidad LGBT, citando preocupaciones sobre la “hipersexualización” de menores y la influencia cultural en la juventud. Países como Francia y Alemania, pioneros en estos eventos desde hace una década, han visto cómo asociaciones como EuroPride y varias federaciones de belleza han cancelado ediciones anuales. La medida, impulsada por eurodiputados conservadores, argumenta que estos certámenes, con sus desfiles llenos de trajes reveladores y performances artísticos audaces, fomentan una obsesión tóxica entre los adolescentes, llevando a un aumento en trastornos de imagen corporal y conductas de riesgo. Según un informe de la Comisión Europea publicado el 10 de octubre, el 35% de los jóvenes expuestos a estos contenidos vía streaming reportan una “obsesión malsana” con ideales de belleza no tradicionales, lo que ha alarmado a padres y educadores en todo el continente.

Leavitt, quien asumió el cargo en enero como la portavoz más joven de la historia de la Casa Blanca, no tardó en reaccionar. Durante su briefing diario, ante una sala repleta de periodistas, la rubia de New Hampshire lanzó una andanada verbal que ha sido calificada de “escandalosa” por activistas progresistas. “Estos concursos europeos no son más que un circo de exhibiciones rudas que han cruzado el Atlántico y dejado a nuestros jóvenes obsesionados con fantasías destructivas”, declaró con su característico tono firme, gesticulando con énfasis. “Hablamos de niños de 14 años imitando rutinas que promueven la confusión de género y la exposición prematura a contenidos explícitos. Es hora de que Europa despierte y proteja a su gente, y que aquí en Estados Unidos sigamos ese ejemplo antes de que sea demasiado tarde”. Sus palabras, amplificadas por clips virales en X (antes Twitter), han acumulado millones de vistas en menos de 24 horas, con hashtags como #FireKaroline y #DefendPride compitiendo en tendencias.

La controversia se ha extendido rápidamente por todo Estados Unidos, donde el tema toca fibras sensibles en un contexto de retrocesos en derechos LGBT bajo la administración Trump. En los últimos meses, el gobierno ha eliminado proclamaciones oficiales para el Mes del Orgullo en junio y ha impulsado leyes estatales que limitan la participación de menores en eventos inclusivos. Leavitt, una defensora acérrima de estas políticas, ha sido acusada de avivar el fuego con su retórica incendiaria. Organizaciones como GLAAD y Human Rights Campaign han exigido su despido inmediato, calificando sus comentarios como “homofóbicos y transfóbicos”. “No se trata de proteger a la juventud; es una excusa para demonizar a la comunidad queer”, tuiteó Sarah Kate Ellis, presidenta de GLAAD, en un post que superó las 500.000 interacciones. En las calles de Nueva York y Los Ángeles, protestas espontáneas reunieron a cientos de manifestantes el miércoles, ondeando banderas arcoíris y coreando consignas contra la “censura trumpista”.
Por el contrario, sectores conservadores han aplaudido la intervención de Leavitt como un acto de valentía. Figuras como el gobernador de Florida, Ron DeSantis, y la comentarista de Fox News, Tucker Carlson, la han defendida en segmentos televisivos, argumentando que la prohibición europea refleja una “corrección moral global”. “Karoline dice lo que millones piensan en silencio: estos espectáculos no educan, corrompen”, escribió Carlson en su newsletter. Encuestas informales en plataformas como Truth Social muestran un apoyo del 62% entre republicanos, quienes ven en Leavitt a una voz fresca contra lo que llaman “la agenda woke”. Sin embargo, el eco de su respuesta ha llegado a aliados internacionales; el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, alabó públicamente la postura de la Casa Blanca, proponiendo una cumbre bilateral sobre “valores familiares”.
Leavitt, nacida en Atkinson, New Hampshire, en 1997, no es ajena a los focos controvertidos. Su ascenso meteórico –de pasante en la Casa Blanca durante el primer mandato de Trump a su actual rol– ha estado marcado por duelos verbales con la prensa. En febrero, un intercambio con un reportero de CNN sobre su supuesto pasado en concursos de belleza (un rumor desmentido que la vinculaba falsamente a Miss Teen USA) la dejó visiblemente irritada, pero saliendo airosa con una réplica ingeniosa. Esta vez, sin embargo, el tono fue más agresivo: al ser confrontada por una periodista de The New York Times sobre el impacto en la salud mental de la comunidad LGBT, Leavitt replicó: “La verdadera obsesión es la de quienes defienden estos shows a toda costa, ignorando el daño a nuestros hijos”. El clip, subtitulado como “ataque directo”, ha sido reproducido en loops por medios liberales, alimentando petitorios en Change.org que ya superan las 200.000 firmas pidiendo su renuncia.
La Casa Blanca, por su parte, ha cerrado filas alrededor de su portavoz. En un comunicado breve, el presidente Trump elogió su “honestidad brutal”, recordando que “América necesita líderes que digan la verdad, no que se escondan detrás de corrección política”. Fuentes internas sugieren que Leavitt no dimitirá, y que su equipo prepara una serie de apariciones en medios afines para contrarrestar la narrativa. Mientras tanto, en Europa, la directiva ha sido impugnada por cortes nacionales, y activistas prometen desfiles “underground” para mantener viva la tradición.
Esta saga pone de manifiesto las grietas en el debate transatlántico sobre identidad y juventud. ¿Es Leavitt una defensora de la decencia familiar o una figura divisoria que exacerba tensiones? Con elecciones midterm acercándose en 2026, su futuro –y el de la administración– podría depender de cómo se resuelva esta batalla cultural. Por ahora, la joven portavoz sigue en el podio, lista para el próximo round, mientras Estados Unidos observa con el aliento contenido.