El Super Bowl siempre ha sido más que un juego. Es el escenario más grande de Estados Unidos, un gigante cultural que combina deportes, música, publicidad e identidad nacional en una transmisión brillante. Pero este año, el espectáculo de medio tiempo ya no es sólo una actuación: se ha convertido en el centro de una guerra corporativa y cultural que ahora involucra a uno de los hombres más poderosos del planeta: Elon Musk.
En un sorprendente ultimátum entregado esta semana, Musk declaró que pondría fin a los vínculos de patrocinio multimillonario del Super Bowl entre Tesla y SpaceX si la NFL sigue adelante con su decisión de presentar a la superestrella puertorriqueña Bad Bunny como cabeza de cartel del medio tiempo.
“O la NFL cancela la actuación de Bad Bunny en el entretiempo”, advirtió Musk, “o me alejo de uno de los acuerdos de patrocinio más valiosos en el deporte”.
El ultimátum sacudió el mundo del deporte, la música y los negocios. Ya no es sólo un concierto. Se trata de poder, política, cultura y el precio de la tradición en un panorama del entretenimiento cada vez más globalizado.
El ultimátum escuchado en todo el mundo

La declaración de Musk no se hizo en una sala de reuniones silenciosa. Se hizo público y ruidoso. En una publicación en X (anteriormente Twitter), Musk expuso sus quejas en términos directos:
“El Super Bowl debería ser sobre Estados Unidos. Debería unirnos en torno al fútbol, la tradición y la familia. Si la NFL cree que puede secuestrar este momento para promover agendas de entretenimiento globalistas, no quiero ser parte de ello. Cancelen a Bad Bunny o cancelenme a mí”.
El mensaje se amplificó instantáneamente, acumuló millones de acciones y provocó una avalancha de respuestas. En cuestión de horas, las palabras de Musk ocuparon los titulares de todo el mundo.
La NFL atrapada en el fuego cruzado
La NFL, que ya está envuelta en guerras culturales por sus opciones de entretenimiento, ahora se encuentra en el centro de un enfrentamiento con el hombre más rico del mundo.
Oficialmente, la liga emitió sólo una declaración cautelosa:
“El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl sigue comprometido a celebrar la diversidad, la creatividad y la música en un escenario global. Valoramos a nuestros socios y patrocinadores, pero no haremos más comentarios en este momento”.
Sin embargo, detrás de escena, fuentes internas dicen que los ejecutivos de la liga están “sorprendidos” por la acción de Musk. Se estima que los acuerdos de patrocinio con Tesla, SpaceX y otras empresas de Musk valen decenas de millones al año, y la pérdida de esos ingresos podría socavar las estrategias publicitarias.
Una fuente cercana a la junta de la NFL admitió:
“No se trata sólo de dinero. Se trata de óptica. Si dan marcha atrás con respecto a Musk, parecerán débiles. Si lo ignoran, corren el riesgo de perder a uno de los patrocinadores más influyentes del planeta”.
¿Por qué Conejo Malo?
En el centro de la controversia está Bad Bunny, la megaestrella puertorriqueña cuyo meteórico ascenso lo ha convertido en el artista más reproducido del mundo.
Bad Bunny es amado por millones de personas por su música innovadora, su estilo extravagante y su activismo social sin complejos. Pero esas mismas cualidades lo han convertido en un blanco de críticas entre los conservadores que argumentan que su presencia en el escenario del Super Bowl representa una traición a la tradición estadounidense.
Críticos como Musk dicen que presentar a un artista de habla hispana en el entretiempo es una prueba de que la NFL atiende más a las “tendencias globales” que a sus raíces estadounidenses.
Sus defensores argumentan lo contrario: que Bad Bunny representa el futuro de la cultura estadounidense, que es diversa, bilingüe y global.
La historia de la cultura de las batallas bélicas de Musk
Esta no es la primera vez que Elon Musk se mete en las guerras culturales.
En 2022, chocó con los anunciantes por las políticas de Twitter sobre libertad de expresión después de adquirir la plataforma.
En 2023, boicoteó a Disney tras comentarios que describió como “antifamiliares”.
En repetidas ocasiones se ha presentado como un defensor de los “valores tradicionales” contra lo que llama “globalismo despertado”.
Pero esta medida, que amenaza directamente la transmisión más rentable de la NFL, es, con diferencia, su intervención cultural más audaz.
Los analistas de negocios estiman que la retirada del patrocinio de Musk podría costarle a la NFL cientos de millones en efectos dominó, dado el papel de Tesla como una de las marcas más reconocibles que aparecen en los comerciales del Super Bowl.
Reacciones: Conmoción, Furia y Aplausos

Las consecuencias del ultimátum de Musk fueron rápidas y polarizadoras.
Los conservadores lo elogiaron como un patriota. El presentador de Fox News, Tucker Carlson, declaró:“Musk está defendiendo a Estados Unidos cuando nadie más lo hará. El Super Bowl debería tratarse de fútbol americano, no de una conferencia sobre la cultura del despertar”.
Los progresistas ridiculizaron el cambio. La representante Alexandria Ocasio-Cortez tuiteó:“Imagínese ser el hombre más rico del mundo y llorar porque millones de estadounidenses quieren bailar Bad Bunny”.
Los fanáticos estaban divididos. Algunos aplaudieron a Musk por trazar una línea en la arena. Otros lo criticaron por politizar un juego que pretendía unir al país.
Un TikTok viral capturó el estado de ánimo:“Musk le dice no a Bad Bunny en el entretiempo. Los fans de Bad Bunny le dicen no a Musk en sus Teslas. ¿Quién gana?”
Bad Bunny rompe su silencio
Hasta ahora, Bad Bunny se ha mantenido callado en medio de la polémica. Pero después de que el ultimátum de Musk dominara los titulares, el artista publicó su propia respuesta críptica en Instagram:
Una foto tuya sosteniendo un balón de fútbol, con el simple título:
“Tengo el escenario. Tengo el balón. Juguemos”.
La publicación acumuló millones de me gusta en cuestión de horas, y los fanáticos la interpretaron como una declaración desafiante de que no se dejaría intimidar por amenazas de miles de millones de dólares.
El mundo empresarial reacciona
La comunidad empresarial también está dividida sobre la decisión de Musk. Algunos consideran que esto es imprudente y potencialmente perjudicial para la reputación de Tesla y SpaceX, enredándolos en guerras culturales.
Otros la consideran una marca brillante: Musk se posiciona una vez más como un inconformista dispuesto a enfrentarse a instituciones más grandes que él.
La estratega de marketing Rachel Goodman señaló:
“Musk convirtió lo que debería haber sido el momento de Bad Bunny en su propio momento. Estés o no de acuerdo con él, él sabe cómo dominar la narrativa”.
¿Qué pasa después?
A pocas semanas del Super Bowl, la NFL enfrenta una elección poco envidiable:
Cancelar a Bad Bunny, apaciguar a Musk y enfrentar acusaciones de ceder ante la presión multimillonaria mientras aliena a millones de fanáticos.
Manténgase firme, conserve a Bad Bunny y corra el riesgo de perder el dinero y la influencia del patrocinio de Musk.
Busque un compromiso, tal vez agregando otro artista junto a Bad Bunny para equilibrar la óptica.
Las fuentes dicen que la NFL está peleando a puerta cerrada, con reuniones que involucran a anunciantes y consultores políticos. Hay demasiado en juego como para que la liga calcule mal.
Un choque cultural en el escenario más grande del mundo
Lo que está claro es que el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl de este año ya no se trata sólo de música. Se trata de quién define la cultura estadounidense, quién tiene el poder de dar forma a la identidad nacional y si multimillonarios como Elon Musk pueden dictar las elecciones de entretenimiento de millones de personas.
Como dijo un columnista:
“Este no es un espectáculo de medio tiempo. Es un tira y afloja por el alma de Estados Unidos”.
Tradición versus transformación
El ultimátum de Elon Musk convirtió el Super Bowl en el último campo de batalla de las guerras culturales de Estados Unidos. Al amenazar con retirar su patrocinio, aumentó las apuestas mucho más allá de una actuación.
Para algunos, defiende la tradición y protege el Super Bowl de lo que ven como una infiltración política. Para otros, es un matón multimillonario que intenta imponer la cultura.
Y para Bad Bunny, es simplemente el combustible para una actuación aún más desafiante.
Cuando se apaguen las luces en el entretiempo, el mundo no estará simplemente viendo un espectáculo. Serás testigo del resultado de un choque cultural entre lo viejo y lo nuevo, entre la tradición y la transformación, entre el ultimátum de Elon Musk y la música de Bad Bunny.
Una cosa es segura: el Super Bowl de este año será recordado no solo por el juego, sino también por la pelea por quién es el dueño del escenario más grande de Estados Unidos.
