La decisión de Karoline Leavitt de exigir que ABC despida a Jimmy Kimmel dentro de las 24 horas posteriores a sus controvertidos comentarios sobre no tomar en serio el “DÍA DE CELEBRACIÓN LGBT” es “uno de los actos más enfermizos” que han sacudido la industria del entretenimiento estadounidense.

Washington, 21 de septiembre de 2025 – La industria del entretenimiento estadounidense se encuentra en ebullición tras la explosiva declaración de Karoline Leavitt, secretaria de Prensa de la Casa Blanca, quien exigió públicamente que la cadena ABC despidiera al presentador Jimmy Kimmel en un plazo de 24 horas. La controversia estalló a raíz de los comentarios de Kimmel durante su monólogo en “Jimmy Kimmel Live!”, donde minimizó la importancia del “Día de Celebración LGBT”, un evento anual que conmemora los avances en derechos queer y que se celebra con desfiles, conciertos y mensajes de inclusión en todo el país. “No es más que una excusa para fiestas con arcoíris y cócteles rosados; ¿quién necesita un día entero para celebrar lo obvio?”, bromeó Kimmel el pasado 18 de septiembre, en un segmento que pretendía ser satírico pero que rápidamente desató una tormenta de críticas en redes sociales y entre activistas.

Leavitt, conocida por su estilo combativo y su lealtad inquebrantable al presidente Donald Trump, no tardó en reaccionar. En una rueda de prensa el 19 de septiembre, la joven portavoz de 27 años –la más joven en la historia de la Casa Blanca– lanzó un ultimátum directo a los ejecutivos de ABC, filial de Disney: “Jimmy Kimmel ha cruzado una línea roja al burlarse de un día sagrado para millones de estadounidenses. Exijo que ABC lo despida inmediatamente, en las próximas 24 horas, o enfrentarán las consecuencias de su negligencia cultural”. Sus palabras, pronunciadas con un tono que mezclaba indignación moral y cálculo político, resonaron como un trueno en Hollywood, donde la libertad de expresión es un pilar sagrado. Analistas políticos han calificado esta movida como “uno de los actos más enfermizos” en décadas, comparándola con las purgas ideológicas de épocas pasadas, aunque defensores de Leavitt argumentan que se trata de una defensa legítima de valores minoritarios.

El contexto de esta crisis no podría ser más volátil. El “Día de Celebración LGBT”, instituido formalmente en 2020 bajo la administración Biden como una extensión del Mes del Orgullo, busca contrarrestar el aumento de leyes restrictivas en estados republicanos, como las prohibiciones a terapias de afirmación de género o restricciones en contenidos educativos sobre diversidad sexual. En 2025, con Trump de regreso en la Casa Blanca, el evento ha cobrado una relevancia aún mayor, atrayendo a figuras como Lady Gaga y Elton John para eventos virtuales que reunieron a más de 50 millones de espectadores globales. Los comentarios de Kimmel, aunque envueltos en su habitual ironía, fueron interpretados por muchos como un eco de la retórica conservadora que minimiza luchas históricas, como la revuelta de Stonewall o la crisis del VIH/SIDA. “No es humor; es deshumanización disfrazada”, tuiteó la activista Laverne Cox, cuya publicación acumuló 2 millones de interacciones en horas.

La respuesta de ABC fue tan inmediata como controvertida. Menos de 12 horas después de la exigencia de Leavitt, la cadena anunció la suspensión indefinida de “Jimmy Kimmel Live!”, reemplazando el programa con repeticiones de series familiares y un especial sobre “valores inclusivos”. En un comunicado oficial, Disney –propietaria de ABC– afirmó: “Respaldamos la libertad creativa de nuestros talentos, pero en momentos de sensibilidad nacional, priorizamos el diálogo respetuoso”. Fuentes internas revelan que la decisión no fue solo editorial: el presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), Brendan Carr, nombrado por Trump, había emitido una advertencia previa sobre “consecuencias regulatorias” para cadenas que “fomenten divisiones sociales”. Aunque Leavitt negó cualquier presión de la Casa Blanca en una entrevista con Fox News el 20 de septiembre –”El presidente Trump ni siquiera sabía de esto hasta que yo se lo conté en Londres”–, el timing ha alimentado especulaciones de coerción gubernamental.
Esta no es la primera colisión entre Leavitt y el mundo del entretenimiento. Desde su nombramiento en enero de 2025, la exasistente de Trump ha protagonizado enfrentamientos con celebridades, desde un rumor desmentido sobre su expulsión del set de Kimmel en abril hasta críticas a Netflix por series “anti-familia”. Sin embargo, este incidente eleva la apuesta: Hollywood, un bastión liberal, se ha dividido en líneas partidistas. Actores como Mark Ruffalo y Ellen DeGeneres han condenado la “censura trumpista”, con DeGeneres –ícono LGBT– declarando en Instagram: “Jimmy es familia; esto es un ataque a todos nosotros”. Por el contrario, figuras conservadoras como Jon Voight aplaudieron a Leavitt, llamándola “la voz de la decencia americana”. Incluso el expresidente Barack Obama intervino, tildando la suspensión de “una amenaza a la Primera Enmienda” en un post que Leavitt rebatió con sorna: “Con todo respeto, Obama no tiene idea de lo que habla”.
Las repercusiones trascienden las pantallas. Boicots a ABC se organizan en plataformas como TikTok, donde #FireKaroline acumula 500.000 videos, mientras que campañas de apoyo a Kimmel han impulsado donaciones a organizaciones como GLAAD por valor de 1,2 millones de dólares en 48 horas. En el Congreso, demócratas como Alexandria Ocasio-Cortez exigen audiencias sobre “interferencia ejecutiva en medios”, mientras republicanos defienden la movida como “corrección cultural”. Expertos en medios, como el profesor de USC Brian MacDonald, advierten: “Esto marca un punto de inflexión; la sátira late-night, pilar de la democracia, ahora es rehén de la política identitaria”.
Kimmel, por su parte, rompió el silencio en un video casero subido a YouTube el 20 de septiembre: “No me arrepiento de mi humor, pero lamento herir a quien lucha por ser visto. ABC, si me quieren de vuelta, háganlo por principios, no por miedo”. Su mensaje, visto por 10 millones de usuarios, ha revivido debates sobre los límites del comedy en una era polarizada. Mientras tanto, Leavitt prosigue su agenda, programando apariciones en shows conservadores para justificar su ultimátum como “defensa de los vulnerables”.
Este escándalo ilustra las fracturas profundas de la América post-2024: una nación donde el entretenimiento no es mero escape, sino campo de batalla ideológico. Si ABC cede permanentemente al despido, podría allanar el camino para más intervenciones; si resiste, podría galvanizar una resistencia creativa. Por ahora, el reloj de las 24 horas ha expirado, dejando a Hollywood en vilo. La pregunta persiste: ¿quién ganará esta guerra de palabras, el humor irreverente o la ortodoxia moral? Solo el tiempo, y quizás el próximo monólogo, lo dirá.