El mundo del boxeo y del deporte en general quedó conmocionado tras las declaraciones del campeón mundial Oleksandr Usyk sobre el trágico asesinato de Iryna Zarutska, una joven ucraniana de 23 años que fue apuñalada mortalmente en un tren ligero en Charlotte, Carolina del Norte, el 22 de agosto de 2025. Usyk, una figura icónica en Ucrania y en el ámbito deportivo, rompió el silencio para condenar el acto, calificándolo como “un crimen imperdonable contra los derechos humanos”. Sus palabras resonaron con fuerza, no solo por su peso como celebridad, sino por la conexión emocional que estableció con la víctima, una refugiada que, como muchos, huyó de la guerra en Ucrania en busca de seguridad en Estados Unidos.

El boxeador, conocido por su fortaleza en el ring y su compromiso con causas sociales, expresó su dolor en una declaración pública que rápidamente se viralizó. “Nadie debería morir buscando un futuro mejor; esto no es justicia, es una tragedia”, afirmó Usyk, visiblemente afectado. Además, lanzó una advertencia de doce palabras que impactó profundamente al mundo del deporte: “La humanidad debe despertar antes de que la indiferencia nos consuma a todos”. Este mensaje, cargado de emotividad, no solo llamó la atención sobre la brutalidad del crimen, sino que también instó a una reflexión global sobre la seguridad y los derechos humanos.

Apenas cinco minutos después de las declaraciones de Usyk, otra figura prominente del deporte, cuya identidad no ha sido confirmada, intervino en las redes sociales, intensificando el debate. Esta persona, descrita como una voz influyente en el ámbito deportivo, expresó su indignación y señaló las fallas del sistema judicial que permitieron que el agresor, Decarlos Brown Jr., un hombre con un extenso historial criminal, estuviera en libertad. Brown, de 34 años, apuñaló a Zarutska sin motivo aparente, un acto captado por las cámaras de seguridad del tren. El sospechoso, diagnosticado con esquizofrenia paranoide, afirmó en una llamada desde la cárcel que “materiales” implantados en su cuerpo lo obligaron a cometer el crimen, una declaración que ha generado controversia y cuestionamientos sobre la salud mental y la justicia penal.
La intervención de Usyk y la posterior reacción de esta segunda figura han reavivado el debate sobre la seguridad en el transporte público y la necesidad de reformas en el sistema judicial. La familia de Zarutska, devastada, ha exigido justicia, mientras que el caso ha atraído la atención de figuras políticas como el presidente Donald Trump, quien pidió la pena de muerte para el acusado. En medio de la indignación, el mensaje de Usyk resuena como un llamado a la acción, recordando al mundo que la tragedia de Iryna Zarutska no es solo un caso aislado, sino un reflejo de problemas sistémicos más profundos. Su voz, unida a la de otros, busca honrar la memoria de una joven que soñaba con un futuro mejor y found su fin en un acto de violencia sin sentido.