La derrota por 2-1 ante el Girona en Montilivi el pasado 16 de febrero de 2026 no fue solo un tropiezo deportivo para el FC Barcelona: fue el detonante de una crisis interna que ha llevado a Hansi Flick a tomar medidas drásticas. El técnico alemán, conocido por su exigencia y su estilo sin concesiones, ha cerrado definitivamente la puerta a uno de los jugadores que llegó este verano con la etiqueta de refuerzo estrella, pero que ha decepcionado enormemente en los momentos clave de la temporada.
Fuentes cercanas al club confirman que la paciencia de Flick se ha agotado por completo, y la conversación post-partido en el vestuario de Montilivi marcó el punto de no retorno.

El jugador en cuestión es el lateral portugués que aterrizó en el Camp Nou en el mercado de invierno, procedente de un club europeo de primer nivel. Su fichaje generó ilusión por su velocidad, su capacidad ofensiva y su experiencia internacional, pero la realidad ha sido muy distinta. Desde su debut, ha acumulado minutos residuales, errores defensivos notables y una falta de adaptación al sistema de presión alta e intensidad constante que exige Flick.
En el derbi catalán, su presencia en el once inicial fue testimonial, y su rendimiento volvió a quedar por debajo de lo esperado, contribuyendo a las grietas que el Girona explotó con maestría en las transiciones.

Según informaciones publicadas por medios como El Nacional y otros portales especializados, Flick fue directo y sin filtros tras el pitido final. En el túnel de vestuarios, el entrenador alemán se acercó al jugador y le transmitió un mensaje claro y demoledor: su rol en la plantilla es marginal, no entra en los planes a corto ni medio plazo, y lo más conveniente para su carrera es buscar un nuevo destino lo antes posible. “Piensa en tu futuro fuera del Barça”, le habría dicho Flick, en una conversación que dejó al futbolista visiblemente afectado.
No se trató de una advertencia velada, sino de una decisión tomada en frío: su etapa en el Camp Nou ha terminado.

Esta resolución llega en el peor momento posible para el Barcelona. El equipo cedió el liderato de LaLiga al Real Madrid tras la derrota en Girona, sumando dos pinchazos consecutivos graves (el 4-0 ante el Atlético en la ida de semifinales de Copa del Rey y este tropiezo en Montilivi). Flick, que había apostado por dar continuidad a la base del curso anterior con algunos retoques, ahora ve cómo la falta de rendimiento individual pone en jaque su proyecto.
El portugués no es el único señalado –nombres como Raphinha (titular tras lesión pero sin brillo), Ferran Torres o incluso algunos defensores han sido criticados–, pero su caso es el más paradigmático: llegó como solución a un problema crónico en el lateral y ha terminado siendo parte del problema.
El club ya trabaja en la operación salida. Con las limitaciones del fair play financiero aún presentes, vender o ceder al jugador generaría alivio salarial y podría abrir espacio para un refuerzo en invierno o, más probablemente, en verano. Varios equipos de la Premier League y de la Serie A han mostrado interés preliminar, atraídos por su juventud y potencial, aunque el precio inicial de traspaso (alrededor de 30-40 millones de euros) podría ajustarse a la baja dada la situación.
El jugador, por su parte, es consciente de que quedarse sería contraproducente: minutos escasos, riesgo de perder protagonismo en su selección y un vestuario donde Flick prioriza la competencia feroz.
La decisión de Flick no ha sido improvisada. Desde su llegada al banquillo, el alemán ha demostrado que no duda en apartar a quien no rinde, independientemente del cartel o el precio de fichaje. Ejemplos pasados en el Bayern Múnich y en la selección alemana lo avalan: cuando pierde la confianza en un futbolista, la puerta se cierra sin apelación. En Barcelona, esta filosofía choca con una afición que valora la continuidad y los nombres propios, pero Flick insiste en que el éxito pasa por la meritocracia absoluta.
“Necesitamos medidas drásticas para encarrilar el proyecto”, habrían sido sus palabras en reuniones internas, según fuentes del entorno.
Mientras tanto, el vestuario vive un ambiente tenso pero controlado. Flick concedió dos días libres tras el partido de Girona para un “reset mental”, y al regreso organizó una sesión de más de una hora analizando errores colectivos: posicionamiento en mediocampo, transiciones defensivas fallidas, falta de presión alta. El mensaje fue unánime: no hay excusas, ni arbitrales ni individuales. Todos deben subir el nivel, o las consecuencias llegarán.
La noticia de la salida del portugués ha circulado discretamente, pero ya genera debate entre la parroquia culé: ¿es justo sacrificar a un fichaje reciente tan pronto, o es necesario para limpiar el equipo de lastres?
El Barça tiene por delante un calendario exigente: el partido ante el Levante en casa será la primera prueba de fuego post-Girona. Flick recupera efectivos –Pedri y posiblemente Rashford están cerca de volver–, pero la sombra de esta decisión pesa. Si el equipo responde con victorias, la jugada se interpretará como un acierto táctico; si el bache continúa, las críticas arreciarán por haber “quemado” un activo valioso.
Lo cierto es que Hansi Flick ha marcado territorio: en su Barcelona no hay sitio para la complacencia. La etapa del lateral portugués en el Camp Nou ha acabado de forma abrupta, y el mensaje es claro para el resto de la plantilla: rendir o salir. El alemán no negocia con el bajo rendimiento, y la sorprendente derrota ante el Girona ha sido el catalizador definitivo. Ahora, solo los resultados podrán validar si esta decisión implacable fue el revulsivo necesario o un error que profundiza la crisis.
El fútbol no espera, y el Camp Nou contiene la respiración. El próximo capítulo de esta historia blaugrana promete emociones fuertes.