Rolly Romero desató una polémica en el mundo del boxeo al burlarse abiertamente de Manny Pacquiao, declarando que el ícono filipino poseía lo que él llamó “el estilo de boxeo más horrible de la historia”. El comentario se viralizó al instante, no solo por su tono irrespetuoso, sino porque se dirigía a un hombre considerado uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos.
Los fanáticos, analistas y ex campeones reaccionaron enérgicamente, señalando que el juego de pies poco convencional de Pacquiao, sus ángulos incómodos y su presión implacable no eran defectos, sino armas que le permitían conquistar a oponentes de todas las generaciones y épocas.

A pesar de las críticas, la historia ofrece un contraargumento irrebatible a las palabras de Romero. Manny Pacquiao es el único boxeador en ganar títulos mundiales en ocho divisiones de peso diferentes, una hazaña sin igual en este deporte. Desde el peso mosca hasta el superwélter, Pacquiao derrotó a campeones de élite, futuros miembros del Salón de la Fama y reyes libra por libra.
Lo que Romero calificó de “feo” era, en realidad, una rara mezcla de velocidad, imprevisibilidad y agresividad. El estilo de Pacquiao trastocaba los fundamentos tradicionales y obligaba a sus oponentes a intercambios incómodos y caóticos donde sus combinaciones ultrarrápidas prosperaban.

Romero insistió en sus críticas en entrevistas, insistiendo en que la técnica de Pacquiao carecía de fundamentos de manual. “Digo la verdad”, dijo Rolly Romero sin rodeos. “Manny Pacquiao no se ve limpio”.
Sus golpes vienen desde ángulos extraños, su juego de pies es peculiar y no es un boxeo bonito. Sin embargo, muchos expertos argumentaron que el boxeo no se evalúa solo por la estética. Se trata de efectividad, daño, control del ring y resultados.
Según esos estándares, el currículum de Pacquiao está muy por encima del de la mayoría de los boxeadores que alguna vez se han puesto los guantes.

Lo que realmente intensificó la narrativa fue la respuesta del propio Manny Pacquiao. Conocido por su humildad y calma, el campeón de ocho divisiones rara vez se involucra en intercambios verbales. Sin embargo, esta vez, Pacquiao decidió responder, no con insultos, sino con la confianza forjada durante décadas de batalla.
“El boxeo no se trata de verse bien”, afirmó Manny Pacquiao. “El boxeo se trata de ganar peleas, respetar al oponente y demostrar lo que vales en el ring”.
Mi estilo puede parecer diferente, pero me trajo campeonatos, cinturones y respeto en todo el mundo”. Sus palabras resonaron profundamente entre los fanáticos que admiraban su disciplina y legado.
La respuesta de Pacquiao no se quedó en palabras. Los observadores señalaron que toda su carrera fue una refutación viviente de las afirmaciones de Romero. Peleadores como Marco Antonio Barrera, Erik Morales, Juan Manuel Márquez, Oscar De La Hoya, Miguel Cotto y Keith Thurman sintieron toda la fuerza del llamado estilo “feo” de Pacquiao.
Cada victoria contaba la misma historia: juegos de pies torpes se convertían en ángulos explosivos, ráfagas de aire salvaje se convertían en combinaciones precisas y una presión implacable derribaba a oponentes técnicamente refinados que no podían adaptarse a su ritmo.
Mientras el debate se intensificaba, los historiadores del boxeo recordaron a los aficionados que muchos de los grandes boxeadores de todos los tiempos fueron criticados en su momento por técnicas poco convencionales. Desde la defensa contundente de Muhammad Ali hasta el bob and weave de Joe Frazier y el giro de hombro de Floyd Mayweather, la grandeza a menudo surge de estilos que desafían la tradición. Manny Pacquiao pertenece firmemente a ese linaje.
Su postura de zurdo, sus rápidos movimientos de adentro hacia afuera y sus repentinos estallidos de potencia confundieron a los oponentes que entrenaban para un boxeo “perfecto”, solo para ser abrumados por algo completamente diferente.
Mientras tanto, Rolly Romero se encontraba bajo un creciente escrutinio. Los críticos argumentaban que atacar a una leyenda retirada era una forma barata de llamar la atención. Otros desafiaban a Romero a justificar sus palabras dentro del ring. Pacquiao abordó esto directamente con un mensaje agudo pero sereno. “Es fácil hablar”, dijo Pacquiao.
Pero el boxeo se demuestra en el ring, no en redes sociales ni en entrevistas. Las leyendas se construyen con peleas, no con opiniones. La declaración fue ampliamente compartida, interpretada como una advertencia firme pero digna para quienes buscan relevancia a través de la controversia.
La frase “el estilo de boxeo más feo” pasó rápidamente de ser un insulto a una insignia de honor entre los seguidores de Pacquiao. Los aficionados enfatizaban que el propósito del boxeo no es lucir elegante, sino ganar con contundencia y entretener. Las peleas de Manny Pacquiao ofrecían dramatismo, velocidad, nocauts y momentos inolvidables.
Estadios abarrotados y cifras récord de PPV dieron fe del atractivo global de su enfoque. Lo que Romero desestimó como feo, millones de personas en todo el mundo lo celebraron como electrizante y audaz.
En definitiva, el choque entre las críticas de Rolly Romero y el legado de Manny Pacquiao puso de relieve una verdad más profunda sobre el deporte. El boxeo premia la individualidad, la adaptabilidad y la valentía por encima de la rigidez. La carrera de Pacquiao demuestra que el éxito no requiere conformarse con la estética tradicional.
Sus logros en ocho categorías de peso permanecen intactos, su influencia es global y su nombre, inmortal. Al final, el estilo “feo” habló más fuerte que cualquier insulto, dejando el legado de Manny Pacquiao intacto y las palabras de Rolly Romero eclipsadas por la historia.
En definitiva, el choque entre las críticas de Rolly Romero y el legado de Manny Pacquiao puso de relieve una verdad más profunda sobre el deporte. El boxeo premia la individualidad, la adaptabilidad y la valentía por encima de la rigidez. La carrera de Pacquiao demuestra que el éxito no requiere conformarse con la estética tradicional.
Sus logros en ocho categorías de peso permanecen intactos, su influencia es global y su nombre, inmortal. Al final, el estilo “feo” habló más fuerte que cualquier insulto, dejando el legado de Manny Pacquiao intacto y las palabras de Rolly Romero eclipsadas por la historia.