«¡Saquen a ese inútil del equipo… ahora mismo!» — El presidente del FC Barcelona, Joan Laporta, no pudo ocultar su furia tras lo que calificó como la derrota más humillante de la temporada, después de que el equipo blaugrana cayera por 0-4 ante el Atlético de Madrid en la ida de las semifinales de la Copa del Rey.
Según fuentes cercanas al club, Laporta exigió a Hansi Flick que tomara medidas inmediatas: cortar relación con tres jugadores que, en su opinión, ofrecieron actuaciones inexcusables y decepcionantes, y apartarlos del Barcelona de forma definitiva en ese mismo instante. Esos nombres son…

La catástrofe en el Riyadh Air Metropolitano el 12 de febrero de 2026 ha dejado al FC Barcelona en shock. Un primer tiempo para el olvido: un autogol de Eric García al minuto 6 tras un error monumental del portero Joan García abrió la veda, seguido por los tantos de Antoine Griezmann (minuto 14), Ademola Lookman (minuto 33) y Julián Álvarez (en el descuento del primer tiempo), sellando un 4-0 que nadie esperaba ante un Atlético dirigido por Diego Simeone que jugó con maestría, aprovechando cada contraataque y cada fallo defensivo culé.
El segundo tiempo fue un calvario controlado por los locales, con el Barça terminando con diez hombres tras la expulsión de García en el 84′. Fue, sin duda, la peor noche de Hansi Flick al mando del equipo y una de las goleadas más duras recibidas por el Barcelona en los últimos años.

Laporta, que acababa de dimitir como presidente para presentarse a las elecciones del 15 de marzo —dejando a Rafa Yuste como interino—, no contuvo su ira. Fuentes del entorno del club aseguran que irrumpió en el vestuario visitante con el rostro encendido, gritando sin filtro ante jugadores y staff. «¡Esto es una vergüenza! ¡Saquen a ese inútil del equipo… ahora mismo!», habría espetado refiriéndose a uno de los responsables directos de los goles encajados. No se quedó en palabras generales: señaló a tres futbolistas concretos cuya actuación consideró imperdonable.
Aunque los nombres no se han hecho públicos de forma oficial para evitar mayor escándalo, en los círculos internos todos apuntan a los mismos: un defensor central que falló en el marcaje y en la salida de balón, un centrocampista que perdió posesiones clave en zonas de peligro y un atacante que desapareció del mapa, sin generar peligro ni ayudar en defensa.

La exigencia fue tajante: «Apartenlos ya. No los quiero ver ni en el banquillo. Si no actúan de inmediato, habrá consecuencias graves». Esta intervención llega en un momento delicadísimo para el club. Laporta, que había visitado la Ciutat Esportiva Joan Gamper apenas días antes para despedirse emotivamente de la plantilla tras su dimisión, prometiendo regresar victorioso en las urnas, ahora ve cómo su legado tambalea con esta humillación.
El expresidente siempre ha sido de reacciones fuertes en crisis: desde sus críticas a rivales institucionales hasta exigencias de cambios radicales.Esta vez, la furia se dirige hacia dentro, hacia su propio equipo, en un intento desesperado de salvar lo que queda de temporada.
Hansi Flick se encuentra en una encrucijada. El técnico alemán, que ha intentado imponer un estilo de alta presión y posesión, ha defendido públicamente la unidad del grupo, pero ahora enfrenta una presión directa de la directiva (aunque Laporta ya no sea presidente formal). Fuentes del staff indican que Flick ha pedido calma, análisis de vídeo y tiempo para no desmantelar el bloque por una derrota aislada, pero ignorar la demanda podría costarle el respaldo interno en un momento donde la estabilidad es frágil.
La vuelta de la semifinal, el 3 de marzo en el Spotify Camp Nou, requiere una remontada histórica —al menos 5-0 para pasar directamente—, y cualquier fractura interna la hace casi imposible.
En el vestuario, el malestar es evidente. Algunos jugadores se sienten traicionados por las filtraciones y las formas duras de Laporta, argumentando que las críticas públicas solo generan división. Otros reconocen que el rendimiento fue inaceptable: la alta línea defensiva expuesta, errores individuales garrafales y falta de reacción tras los primeros goles. La afición culé, atónita tras el resultado, se divide en redes: unos apoyan la exigencia («¡Por fin alguien pone orden!»), otros temen una purga que desestabilice más («No se puede cambiar todo cada partido»). Hashtags como #LaportaFuria y #RemontadaImposible dominan las conversaciones.
El contexto añade drama: Laporta dimitió el 9 de febrero para cumplir estatutos y presentarse a la reelección, despidiéndose emotivamente de Flick y la plantilla días antes del partido. Prometió volver pronto y ganar elecciones, pero esta derrota podría usarse por sus rivales en campaña. Mientras, el equipo debe prepararse para el próximo compromiso liguero, donde necesita victorias para no perder el liderato. La pregunta que flota en el aire es si la directiva (con Yuste al frente) ejecutará las demandas de Laporta o mediará para calmar ánimos.
Lo cierto es que esta explosión de Laporta marca un punto de inflexión. En un club donde las expectativas son eternas, una goleada así no se perdona. Cuando el expresidente grita «¡Saquen a ese inútil del equipo… ahora mismo!», el mensaje es claro: o se actúa con mano dura, o el incendio se propaga. Los tres señalados —cuyas identidades circulan en susurros— saben que su futuro pende de un hilo.
Flick deberá decidir si protege a sus hombres o cede a la presión. Y el Barcelona, una vez más, enfrenta una crisis que podría definir el resto de la temporada.La vuelta en el Camp Nou será de vida o muerte, pero con esta fractura, el camino a la remontada parece más cuesta arriba que nunca.