El fútbol español vive horas de máxima tensión tras el polémico derbi catalán disputado el 16 de febrero de 2026 en Montilivi, donde el Girona se impuso por 2-1 al FC Barcelona en un encuentro que dejó al equipo blaugrana sin el liderato de LaLiga y con una profunda indignación por decisiones arbitrales consideradas injustas. La directiva culé, encabezada por Joan Laporta y Deco, no tardó en reaccionar: amenazó con elevar el caso a instancias superiores si no se tomaban medidas inmediatas.
Apenas 48 horas después, el Comité Técnico de Árbitros (CTA) de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ha emitido una decisión urgente que confirma el error arbitral y castiga a uno de los implicados.

El punto central del escándalo es el segundo gol del Girona, anotado por Fran Beltrán en el minuto 86, que dio la victoria a los locales y provocó la pérdida del primer puesto para el Barça en favor del Real Madrid. La jugada previa al tanto fue decisiva: el argentino Claudio Echeverri pisó claramente el tobillo de Jules Koundé en una acción que muchos calificaron de falta flagrante. Ni el árbitro principal, César Soto Grado, ni el responsable del VAR, David Gálvez Rascón, intervinieron para revisar la jugada o anular el gol.
Koundé quedó tendido en el suelo tras el pisotón, pero Soto Grado desestimó el contacto con un gesto y permitió continuar el juego, lo que derivó en el remate definitivo de Beltrán.

El Barcelona no tardó en hacer oír su voz. El club envió una carta formal a la RFEF y al CTA denunciando una serie de inconsistencias arbitrales acumuladas en las últimas semanas: falta de coherencia en decisiones disciplinarias, criterios contradictorios en jugadas de manos, errores significativos en el uso del VAR y opacidad en las revisiones en el monitor del campo.
Jugadores como Raphinha explotaron en redes sociales con mensajes contundentes: “Las normas son diferentes dependiendo de quién juegue”, escribió el brasileño, sumándose a las quejas de Hansi Flick, quien ya había criticado el arbitraje en rueda de prensa tras el partido. El técnico alemán evitó entrar en polémicas directas, pero el vestuario blaugrana hervía de frustración.

Ante la presión del Barça y el revuelo mediático, el CTA actuó con rapidez. Según informaciones publicadas por medios como AS, Cadena SER, SPORT y Eurosport, el Comité Técnico de Árbitros reconoció internamente que existió un “claro error” en la no intervención del VAR. La acción sobre Koundé debió ser revisada, y de haberse señalado la falta, el gol del Girona habría sido anulado. Esta admisión representa un golpe importante para la credibilidad del estamento arbitral, especialmente tras quejas similares en otros partidos recientes del Barcelona, como el anulado a Pau Cubarsí ante el Atlético de Madrid.
La decisión urgente del CTA ha sido sancionar al árbitro del VAR, David Gálvez Rascón, con lo que en el argot arbitral se conoce como un “neverazo”: una suspensión indefinida hasta nuevo aviso. El colegiado queda apartado de cualquier designación en competiciones profesionales mientras dure la medida. Fuentes del CTA explicaron que se trata de la sanción más grave aplicada en la jornada, un mensaje claro de que no se tolerarán negligencias en jugadas determinantes.
Algunos informes también mencionan que el árbitro principal, César Soto Grado, podría enfrentar consecuencias similares en las próximas semanas, aunque por el momento no se ha confirmado ninguna medida adicional contra él.
Esta resolución llega en un momento delicado para el fútbol español. El VAR, introducido para minimizar errores, sigue generando más controversia que soluciones. El Barcelona, que ya había presentado quejas formales por acumulación de decisiones en su contra, ve en esta sanción una pequeña victoria moral, aunque el resultado del partido no cambiará: los tres puntos se mantienen en Montilivi y el liderato sigue en manos del Real Madrid.
Sin embargo, la directiva culé interpreta el movimiento del CTA como una respuesta a sus amenazas de escalar el asunto, posiblemente ante instancias como el TAS o incluso instancias judiciales si se detectan patrones sistemáticos.
En el seno del Girona, la reacción ha sido más contenida. El club agradeció la victoria y evitó entrar en el debate arbitral, aunque el propio Echeverri reconoció en declaraciones posteriores que el contacto con Koundé fue involuntario pero evidente. Para el Barça, el foco ahora está en recuperarse deportivamente: el equipo de Flick necesita victorias consecutivas para volver a la cima y demostrar que, más allá de polémicas, su fútbol puede imponerse.
El escándalo del Girona-Barça ha reabierto el eterno debate sobre la calidad arbitral en LaLiga. Expertos como Iturralde González, en análisis para AS y Cadena SER, han revisado la jugada y coincidido en que era revisable y sancionable. La sanción a Gálvez Rascón envía un mensaje de accountability, pero también evidencia que el sistema VAR aún tiene grietas importantes. Mientras tanto, la afición blaugrana respira algo más aliviada: al menos, el error ha sido reconocido oficialmente.
El fútbol no para, y el próximo partido del Barcelona será clave para medir el impacto real de esta tormenta arbitral. Por ahora, el shock masivo sacude LaLiga, y el Comité de Árbitros ha dado un paso que pocos esperaban tan rápido. ¿Será suficiente para restaurar la confianza, o solo el comienzo de una crisis mayor? El tiempo, y los próximos designaciones arbitrales, lo dirán.